Colado en barbotina: masa, molde de escayola y control de defectos

Nantitino reúne notas de taller sobre el vaciado cerámico en moldes de escayola: cómo se prepara una barbotina estable, por qué el molde absorbe agua a la velocidad que absorbe, cuánto tiempo tarda en formarse la pared y qué ocurre después, en el secado, el bizcochado y el esmaltado.


01 — La masa

La barbotina y el papel de los electrolitos

Una barbotina no es simplemente arcilla mezclada con agua. Si se añade agua hasta que la masa fluya por sí sola, el resultado será una suspensión con demasiada humedad: el molde tendrá que absorber una cantidad enorme de líquido, la pared crecerá despacio y la contracción posterior será excesiva. El objetivo del colado es el contrario: conseguir que la masa fluya con la menor cantidad de agua posible.

Eso se logra con electrolitos, también llamados defloculantes. En medio acuoso, las láminas de arcilla tienden a agruparse por atracción entre bordes y caras; la suspensión se espesa aunque haya bastante agua. Un electrolito modifica la carga superficial de esas partículas, que pasan a repelerse entre sí y a deslizar unas sobre otras. La misma mezcla, con la misma humedad, se vuelve fluida.

Los defloculantes habituales en taller son el silicato sódico y el carbonato sódico, a menudo combinados, y en formulaciones más modernas los poliacrilatos sódicos. Las cantidades son pequeñas —décimas de porcentaje respecto al peso seco— y el margen es estrecho. Con dosis insuficiente la barbotina queda espesa y llena de aire; con exceso aparece la sobredefloculación: la masa vuelve a espesarse, forma pared muy despacio, se pega al molde y produce piezas frágiles y con superficie jabonosa.

Por eso conviene ajustar siempre por adiciones cortas y sucesivas, esperando entre ellas. El electrolito tarda en repartirse: una barbotina que parece correcta al minuto puede haber cambiado a los quince. La regla práctica de taller es preparar, dejar reposar y medir después, no medir mientras aún se está removiendo.

El agua tampoco es neutral. Un agua dura, con calcio y magnesio disueltos, actúa en sentido contrario al defloculante y obliga a subir la dosis sin llegar nunca a un resultado estable. Cuando los ajustes dejan de ser reproducibles de una hornada a otra, el agua es uno de los primeros sospechosos.


02 — Medida

Densidad y fluidez: dos datos que no son intercambiables

La densidad indica cuánta materia sólida hay por unidad de volumen; la fluidez, con qué facilidad se mueve la suspensión. Dos barbotinas pueden tener la misma densidad y comportarse de forma completamente distinta, porque una está bien defloculada y la otra no. Controlar solo una de las dos magnitudes deja media información fuera.

La densidad se mide de forma sencilla pesando un volumen conocido: un recipiente calibrado, siempre el mismo, lleno hasta el mismo enrase. Es un dato fiable y fácil de repetir. La fluidez se estima con una copa de flujo, cronometrando el tiempo de vaciado por el orificio, o con un viscosímetro rotacional en talleres mejor equipados.

Hay un tercer comportamiento que conviene observar: la tixotropía, es decir, cuánto se espesa la barbotina al quedarse quieta. Una masa que gelifica en exceso en el cubo dará problemas al llenar moldes grandes y dejará marcas de llenado. Una masa sin ningún cuerpo, en cambio, sedimenta y separa agua en la superficie. Se comprueba midiendo el tiempo de flujo recién agitada y repitiéndolo tras unos minutos de reposo.

  • Anotar densidad, tiempo de flujo y temperatura de la masa en cada preparación.
  • Usar siempre el mismo recipiente y la misma copa: lo importante es la comparación, no el valor absoluto.
  • Tamizar la barbotina antes de colar para retirar grumos y trozos de escayola desprendidos.
  • Dejar reposar la masa recién preparada antes de usarla, para que el aire incorporado suba.
  • Remover el fondo del depósito antes de cada jornada, no solo la superficie.
Piezas cerámicas de tonos claros recién desmoldadas, alineadas sobre la mesa de un taller.
Piezas coladas en espera de secado, con las costuras del molde todavía visibles. Imagen editorial de referencia.

03 — El molde

El molde de escayola y su capacidad de absorción

El molde no es solo una forma: es la parte activa del proceso. La escayola fraguada es una red de cristales entrelazados con poros muy finos entre ellos. Esos poros absorben agua de la barbotina por capilaridad, y es esa succión —no la gravedad ni la presión— la que hace crecer la pared de la pieza.

La porosidad depende sobre todo de la relación agua/escayola con la que se preparó el molde. Con más agua, el molde queda más poroso y absorbe más deprisa, pero también más blando y de vida más corta. Con menos agua se obtiene un molde denso y resistente, aunque de succión más lenta. Un taller que quiera resultados repetibles pesa el agua y la escayola en lugar de trabajar a ojo, y mantiene la misma proporción para toda una serie.

El estado del molde antes de colar importa tanto como su fabricación. Un molde recién usado conserva humedad en el interior y formará pared mucho más despacio; uno completamente seco absorbe de golpe y puede producir una pared irregular en las primeras zonas de contacto. La rotación entre varios moldes de la misma pieza, con tiempos de secado equivalentes entre coladas, es la forma más simple de mantener constante el tiempo de pared.


04 — Formación de pared

Tiempo de formación de la pared y vaciado del sobrante

Una vez lleno el molde, la pared crece desde la superficie hacia dentro. El crecimiento no es lineal: al principio es rápido, porque la escayola está en contacto directo con la masa, y después se frena, ya que la propia capa formada actúa como barrera y el agua tiene que atravesarla para llegar al poro. Duplicar el tiempo no duplica el espesor.

Durante ese periodo el nivel baja, porque parte del agua se va al molde y la masa se compacta. Hay que reponer barbotina para que el borde no quede fino o escalonado. La reposición se hace despacio, por el mismo punto, evitando chorros que arrastren aire.

Cuando se alcanza el espesor deseado se vuelca el molde y se deja salir el sobrante. El vaciado tiene su propio ritmo: demasiado brusco arrastra material de la pared todavía blanda y deja marcas; demasiado lento deja un reborde grueso de masa acumulada en la boca. Lo habitual es volcar con un movimiento continuo y mantener el molde invertido y ligeramente inclinado unos minutos, sobre travesaños, para que escurra por completo.

  1. Llenar de forma continua, sin interrupciones que dejen líneas de llenado.
  2. Reponer nivel mientras la masa desciende.
  3. Comprobar el espesor por el reborde superior con un útil limpio.
  4. Volcar y dejar escurrir invertido el tiempo necesario.
  5. Recortar el excedente de la boca cuando la pieza tiene consistencia de cuero blando.
  6. Esperar a que la pieza se separe sola del molde antes de intentar abrir.

El espesor de pared se decide en función de la pieza, no del reloj. Una forma alta y estrecha necesita más cuerpo para sostenerse durante el secado; una pieza plana admite paredes más finas. Lo que sí conviene es que el espesor sea uniforme: las diferencias marcadas dentro de una misma pieza generan tensiones que reaparecen más tarde en forma de grietas o deformaciones.

Herramientas de repaso cerámico y fragmentos de pasta seca sobre una tabla de trabajo cubierta de polvo.
Útiles de repaso: gubias, esponja y cuchilla flexible para las costuras del molde.

05 — Desmoldeo

Apertura del molde y repaso de las costuras

La pieza está lista para desmoldar cuando ha perdido suficiente agua para sostenerse y ya se ha separado ligeramente de la pared del molde por contracción. Forzar la apertura antes de ese momento deforma la pieza o la deja pegada por zonas; esperar demasiado hace que la contracción la agarre a los relieves y aumenta el riesgo de rotura en las partes finas.

El molde se abre por su plano de partición, con las piezas separadas en el orden previsto en su fabricación y sin hacer palanca sobre la cerámica. Los pasadores o llaves de posicionamiento indican ese orden: si una parte se resiste, casi siempre se está tirando en la dirección equivocada.

Costuras, rebabas y agujeros de colada

En el plano de partición queda siempre una rebaba fina. Se retira en estado de cuero, cuando la pasta corta limpiamente y aún admite alisado. La secuencia habitual es raspar con cuchilla flexible en el sentido de la costura, no atravesándola, y después pasar una esponja apenas húmeda para cerrar el poro sin arrastrar material.

Conviene resistir la tentación de trabajar la costura con la pieza demasiado seca: en ese punto la lija abre poro, deja la zona más porosa que el resto y el esmalte se comporta allí de otra manera. Un repaso hecho a tiempo casi no se nota tras el esmaltado; uno hecho tarde reaparece como una línea mate o descolgada.

  • Repasar en estado de cuero, con la pieza aún fresca al tacto.
  • Cuchilla en el sentido de la costura, presión ligera y constante.
  • Esponja escurrida: el exceso de agua reblandece y hunde la línea.
  • Revisar también el interior de bocas y asas, donde la rebaba pasa desapercibida.
  • Uniformar el borde de la boca antes de que la pieza endurezca.

06 — Secado

Secado de la pieza y contracción

Tras el desmoldeo la pieza todavía contiene bastante agua. Al evaporarse, las partículas se aproximan entre sí y el volumen disminuye. Esa contracción de secado es inevitable y, si se produce por igual en toda la pieza, no causa daño. Los problemas aparecen cuando unas zonas se contraen antes que otras.

Por eso el secado lento y protegido de corrientes es la norma. Las asas, los bordes finos y las zonas expuestas pierden agua mucho más deprisa que las bases y los fondos gruesos; cubrir parcialmente con plástico durante las primeras horas iguala el ritmo. Colocar las piezas sobre superficies porosas, y no sobre plástico o metal, evita que el fondo se quede húmedo mientras el resto ya está seco.

Hay una segunda contracción, mayor, durante la cocción, pero esa no se puede compensar en el taller: viene dada por la pasta y por la temperatura. Lo que sí depende del taller es llegar al horno con una pieza seca de verdad. El agua residual atrapada en una pared gruesa se convierte en vapor durante la subida y puede provocar saltados o roturas.

  • Secar en sombra, sin corrientes directas ni sol.
  • Igualar el ritmo cubriendo las partes finas las primeras horas.
  • Girar las piezas para que no se apoyen siempre sobre la misma cara.
  • Comprobar la temperatura al tacto antes de enhornar: una pieza fría al dorso de la mano aún tiene agua.
  • Reservar un margen de días para piezas de pared gruesa o formas cerradas.

07 — Vida útil

Desgaste del molde y momento de sustituirlo

Un molde de escayola tiene una vida limitada. Con cada colada, parte de los defloculantes y las sales solubles de la barbotina quedan retenidos en el poro; al secar, cristalizan y lo obstruyen. El molde absorbe cada vez peor y el tiempo de pared se alarga sin explicación aparente. Es el síntoma más fiable de envejecimiento.

El desgaste también es mecánico. Las aristas se redondean, la superficie pierde definición y la partición deja de cerrar con precisión, lo que se traduce en rebabas cada vez más gruesas. Aparecen depósitos blanquecinos en la cara interior y, en casos avanzados, pequeñas zonas erosionadas que la pieza copia fielmente.

Señales para retirar un molde

  • El tiempo de pared aumenta de forma sostenida con la misma barbotina.
  • La pieza tarda mucho en soltarse o se pega por zonas concretas.
  • La costura sale gruesa o desalineada aunque el molde cierre bien.
  • Hay eflorescencias o manchas duras en la superficie de trabajo.
  • Los detalles del original ya no se leen en la pieza colada.

Alargar la vida de un molde es sobre todo cuestión de rutina: secarlo por completo entre ciclos, no forzar el secado con calor fuerte —que degrada la escayola—, retirar restos secos con un pincel suave en vez de rascar, y no dejar barbotina dentro durante horas. Conservar el modelo y el contramolde permite reponer sin rehacer el trabajo de forma desde cero, y merece la pena guardarlos en un sitio seco y estable.


08 — Horno

Bizcochado y esmaltado de piezas coladas

La primera cocción, el bizcochado, convierte la pieza seca en un bizcocho poroso y manejable. Se sube despacio en el tramo inicial, hasta que ha salido el agua que queda combinada en la arcilla, y a partir de ahí el ritmo puede ser más regular. Las piezas coladas suelen tener paredes finas y uniformes, lo que ayuda, pero también formas cerradas donde el vapor tarda más en salir: las zonas huecas necesitan un respiradero o una subida más pausada.

El bizcocho resultante absorbe agua con avidez, y de eso depende el esmaltado. Al sumergir la pieza, el bizcocho succiona el agua del esmalte y deja la capa sólida adherida. Cuanto más poroso el bizcocho, más gruesa la capa en el mismo tiempo de inmersión; por eso el tiempo de baño y la densidad del esmalte se ajustan juntos, y por eso una pieza bizcochada a temperatura distinta se comporta de otra manera aunque el esmalte sea el mismo.

Antes de esmaltar, la pieza debe estar limpia de polvo y sin restos de grasa de las manos: ambos provocan zonas donde el esmalte no agarra. Un repaso con esponja apenas húmeda y un secado breve bastan. La base se limpia después del baño, retirando el esmalte de la superficie de apoyo hasta dejar el bizcocho a la vista.

Las costuras del molde tienen aquí su última prueba. Si quedaron bien repasadas en cuero, el esmalte las cubre sin dejar rastro. Si se lijaron en seco, la zona absorbe distinto y la línea se hace visible tras la segunda cocción, casi siempre como una franja más mate o más brillante que su entorno.


09 — Diagnóstico

Defectos habituales: laminaciones, alabeos y burbujas

Casi todos los defectos del colado se explican por algo ocurrido antes de que fueran visibles. Leerlos al revés —de la marca a su causa— es la parte más útil del oficio.

Laminaciones
Separaciones internas en la pared, que se revelan al cortar o durante la cocción como desprendimientos en capas. Suelen venir de un llenado interrumpido, de reposiciones hechas con la pared ya formada o de una barbotina con densidad desigual dentro del depósito. Se corrigen con llenado continuo, reposición temprana y homogeneización de la masa antes de colar.
Alabeos y deformaciones
Bocas ovaladas, bases que no asientan, paredes que se curvan. Casi siempre son consecuencia de un espesor irregular o de un secado desigual, y a veces de haber desmoldado antes de tiempo. También los provoca apoyar la pieza en cuero sobre una superficie que la sujeta por un punto. La solución está en el equilibrio del espesor y en la paciencia del secado.
Burbujas y poros superficiales
Pequeñas cavidades que aparecen en la cara vista o que revientan al esmaltar. Su origen es el aire incorporado a la barbotina —al remover con fuerza, al verter desde alto o al usar una masa poco defloculada que retiene burbujas— y también los moldes con poro contaminado. Reposar la masa, tamizarla y verter en continuo por un solo punto reduce el problema.
Grietas de secado
Fisuras finas en cambios de sección, asas y bordes. Marcan una diferencia de velocidad de contracción entre zonas. Se evitan igualando el secado más que interviniendo sobre la grieta ya formada.
Marcas de costura reaparecidas
Líneas visibles tras el esmaltado en el plano de partición. Indican un repaso hecho en seco o un molde cuya partición ya no cierra. Se resuelven repasando en cuero y, cuando el molde es la causa, sustituyéndolo.
Pared demasiado fina o demasiado gruesa
Si el resultado varía entre coladas del mismo molde con el mismo tiempo, el molde ha cambiado: está húmedo de la colada anterior, demasiado seco o con el poro empezando a cerrarse. El registro escrito de tiempos por molde permite verlo antes de que se convierta en una serie perdida.

10 — Rutina

Una rutina de trabajo que se puede repetir

El colado premia la constancia por encima de la habilidad puntual. Casi todos los problemas descritos aquí desaparecen cuando el taller trabaja con las mismas referencias en cada tanda y anota lo que hace.

  • Homogeneizar y tamizar la barbotina antes de cada jornada de colada.
  • Medir densidad y tiempo de flujo, y anotarlos junto a la fecha.
  • Comprobar que el molde está seco y limpio antes de llenar.
  • Llenar en continuo, reponer nivel y cronometrar el tiempo de pared.
  • Vaciar el sobrante con un movimiento uniforme y dejar escurrir invertido.
  • Repasar costuras en estado de cuero, nunca en seco.
  • Secar despacio y de forma uniforme, protegido de corrientes.
  • Numerar los moldes y llevar el recuento de coladas de cada uno.
  • Revisar la pieza bizcochada antes de esmaltar y descartar lo que ya muestre defectos.

Contacto

Escribir a Nantitino

Nantitino es un proyecto informativo y editorial dedicado al colado en barbotina y al trabajo con moldes de escayola. Publica textos propios sobre preparación de la masa, control del molde, desmoldeo, secado, cocción y análisis de defectos.

Para dudas sobre los contenidos publicados, correcciones o sugerencias de temas relacionados con el colado cerámico, se puede escribir a [email protected]. Es la única vía de contacto del proyecto.

En Sobre el proyecto se explica con más detalle qué publica Nantitino y con qué criterio.